Es septiembre y en México estamos listos para celebrar: hace 216 años se inició la gesta que, tras once años de lucha, consolidó la independencia de nuestro país. ¿Cómo celebrarlo? En U-Storage gritamos ¡Viva México! con estas 5 microhistorias mexicanas que tienes que conocer.

Un poco de la historia de México
Era la madrugada del 16 de septiembre de 1810 cuando el cura Miguel Hidalgo y Costilla salió a las calles de Dolores, Hidalgo, para convocar a la gente mientras la campana de Dolores, tocada por el campanero José Galván, hacía eco de su llamado: así daba inicio la lucha que desembocaría en la creación de México como país independiente.
La guerra por terminar con la dependencia hacia España culminaría 11 años después, el 27 de septiembre de 1821, cuando el Ejército Trigarante, unión del ejército insurgente con el ejército realista, entró a la capital luego de que sus líderes, Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, se reunieron y acordaron la independencia mediante el acto ahora conocido como el Abrazo de Acatempan.
El surgimiento del grito de independencia
El Acta de Independencia fue firmada un día después, el 28 de septiembre, y ahí queda por fin asentado que México sería un imperio independiente de España. Dos años después, en 1823, caía el primer emperador mexicano, Iturbide, tras lo cual el acta fue renovada y fue ahí cuando el país quedó establecido como la República que hoy conformamos.
Éramos independientes; sin embargo, esto no fue reconocido por España hasta 1836. Poco menos de diez años después, en 1843, el entonces presidente Antonio López de Santa Anna establecería que los festejos por nuestra Independencia comenzarían la noche del 15 de septiembre a las 11 de la noche en lugar de la madrugada del 16, pues Santa Anna no era muy adepto a despertarse tan temprano para festejar.

Hay leyendas que dicen que este cambio se realizó durante el gobierno de Porfirio Díaz, pues el general cumplía años justo el 15 de septiembre, sin embargo, este dato ha sido ya desmentido por diversos estudiosos; de lo que sí fue responsable Díaz fue de trasladar la Campana de Dolores a la Ciudad de México en 1896 pues para los festejos de ese año quería tocar la campana original
Díaz inició así una tradición que hasta el día de hoy se conserva cuando el presidente en turno sale al balcón presidencial de Palacio Nacional y la hace repicar al tiempo que grita las arengas patrióticas que exaltan la gesta que dio lugar a nuestro nacimiento como país independiente.
Y hasta ahí nuestro breve relato sobre los festejos de nuestra Independencia, pero no nuestras ganas de hablar sobre México; por eso, para unirnos a la celebración, en U-Storage elegimos 5 microhistorias muy mexicanas: un breve recorrido por algunas de las etapas que han ido forjando lo que hoy es nuestro imaginario cultural, nuestra esencia, nuestro espíritu. ¡Ojalá las disfrutes!
La leyenda de Tlacaélel
El maestro Miguel León-Portilla llama a Tlacaélel: el hombre que hizo grande a los aztecas y es que cuando Izcóatl, el cuarto rey azteca, se encontraba en la encrucijada de luchar contra la tiranía de Azcapotzalco, fue el joven Tlacaélel quien exhortó públicamente a los aztecas a no someterse, no lo hicieron y gracias a una alianza estratégica con los texcocanos, lograron vencer.

Nacía una leyenda que no haría más que crecer; Tlacaélel se convertiría en un valioso consejero no sólo para Izcóatl, sino que lo fue también para Motecuhzoma Ilhuicamina y Axayácatl. Los consejos de Tlacaélel lograron establecer a los aztecas como un pueblo místico-guerrero, colocando en la cima del panteón religioso a Huitzilopochtli y renovando la organización de su ejército. No sólo eso, las reformas que Tlacaélel estableció también alcanzaron a los comerciantes y establecieron la triple alianza entre los aztecas, el señorío de Texcoco y el reino de Tacuba.
Tlacaélel fue el responsable de una reforma ideológica que consolidó a los aztecas como el pueblo más importante de la zona y reescribió la historia de los mexicas para, de esta manera, trazar un nuevo imaginario que los encumbraría como un pueblo elegido por los dioses: el pueblo del Sol (Huitzilopochtli) había nacido y sería indestructible a tal punto que comenzó a extenderse y consolidar su dominio cultural y económico en toda la zona.
Si quieres saber más sobre Tlacaélel y otros relatos históricos de los pueblos prehispánicos,
te recomendamos ampliamente el libro Los Antiguos Mexicanos de Miguel León-Portilla.
Duendes mayas: los aluxes
Para los mayas, los aluxes no son parte de la imaginación yucateca, los aluxes existen y no necesitan verlos, para estar seguros de ello, de hecho, es imposible que los vean, ellos no lo permiten, su presencia, simplemente se siente.
Estos duendes no son malos, sólo, dicen los que dicen que saben, son traviesos, a veces lanzan piedritas y a veces llevan agua a quienes se pierden en los montes; para los mayas los aluxes están como están el sol, las nubes, la luna y las estrellas y lo único que piden es respeto hacia ellos y sus pertenencias.

La leyenda cuenta que los aluxes están vivos de noche y se vuelven estatuas durante el día: los antiguos mayas los llamaban alux k’at aludiendo así a su estado de barro. Viven en los montes que no han sido tocados por los hombres, de ahí que sea muy importante que, si vas a talar o sacar recursos de sus hogares, les pidas permiso, de no hacerlo, no tendrán de otra más que ponerse traviesos contigo hasta que les pidas disculpas.
Para conocer más travesuras de los aluxes y otras leyendas del mundo maya,
checa el libro La mujer sin cabeza y otras historias mayas de José Natividad Ic Xec.
Las palabras inmortales de una monja
Juana Inés de Asbaje nació en 1648 en un pequeño poblado del municipio mexiquense de Tepetlixpa y desde niña tuvo una sed incontrolable por aprender, a tal punto que le rogó a su mamá que la dejara vestirse como hombre para poder ir a la universidad.
Inteligente, encantadora, pese a su origen cuestionable, en su adolescencia logró formar parte de la corte virreinal donde asombraba a todos los que la conocían pues Juana sabía de latín y de matemáticas, sin embargo, la época no le permitiría hacer mucho con su mente brillante, ser mujer era estar limitada en todas las direcciones….
Excepto en una: la Iglesia, la institución más cerrada, aquella que condenaba a quienes no obedecieran sus reglas, se convirtió en el perfecto refugio para la recién bautizada Sor Juana Inés de la Cruz. En su celda logró lo que jamás hubiera logrado fuera de ella: escribir, acumulando más de 4.000 volúmenes con palabras que han trascendido fronteras y épocas.

Su obra nos permite conocerla y conocer la sociedad que la rodeaba, con la maestría que sólo ella podría alcanzar; las palabras que la llamada Décima Musa plasmó son parte fundamental del barroco novohispano, sin sus autos sacramentales, su teatro, lírica y prosa no hay forma de entenderlo: el amor, la virtud, la integridad y por supuesto, la mujer fuerte, con una voz sonora son parte de las temáticas que abordaría.
Por supuesto, pese a que logró ser libre por un tiempo, la autoridad masculina llegó a castigarla por la osadía que sus acciones reflejaban; fue castigada, privada de sus libros, de sus plumas y tinteros. En silencio, Sor Juana moriría en 1695 a los 43 años de edad.
Conoce las palabras de Sor Juana leyendo sus obras: Amor es más laberinto, El Divino Narciso, Primero Sueño y Carta Atenagórica
son grandes puertas de entrada.
Reinvención a la mexicana
Hace más de mil años, en China, durante la dinastía Yuan, nació un juego llamado pupai; más tarde, en el siglo XVIII, los italianos lo introdujeron en Europa y fueron los franceses los que aportaron el nombre por el que todos conocemos al juego del que venimos a hablarles hoy: el dominó.
28 piezas en total, fichas rectangulares que en una de sus caras muestran dos cuadrados, en el interior de los cuales hay distintas combinaciones de puntos: todos los conocemos, ¿cierto?
En México, el dominó se juega en la mesa de los tíos mayores en las reuniones familiares; también, las partidas son habituales al interior de las cantinas y es en esos escenarios donde el ingenio mexicano le ha dado un toque fantástico al dominó. Aquí, el dominó se convierte en un juego que se da en la mesa y entre los dichos de quienes lo juegan. Tal vez ahora la tradición se ha ido diluyendo, pero aún no muere y es tarea de todos que no lo haga. Así que va un poco del ingenio mexicano, que, la verdad, ha reinventado el dominó haciéndolo aún más divertido.

Cada ficha tiene su apodo especial: el uno se convierte en uña, ajo, ajolote, Irene o pizarrín; el dos, duro, dulce duque; tres, triunfo, triquis, triate, tren; cuatro, catre, cuadro; cinco, cristo, cristal, quinto, señorita; seis, palma, sixto; y a la ficha blanca, albina, leche, clara, encuerada, sin calzones.
La ficha doble es mula de… y aquí puede ser de leche, si es de tres, o mayor, si es la de seis, pero ojo, porque si es la de cuatro se le dice caja de muerto.
Cuando un jugador ya no puede colocar una mula, se dice que ésta quedó ahorcada o fue pasada a cuchillo, de ahí que los expertos siempre busquen colocar luego luego sus mulas.
El dominó es mover el hueso; los conocedores lo entienden y saben también que al momento de empezar se hace sopa y cuando alguien coloca una ficha doble tiene que cantar (decir): me doblo, me tiendo o me acuesto.
Si pierdes la oportunidad de cerrar la partida porque podrías perder, te podrían decir: «El miedo no anda en burro», y ¿sabes qué podrías contestar? Cada quien es dueño de su miedo.
Si quieres saber más sobre el maravilloso ingenio mexa, no hay mejor lugar que el libro Picardía Mexicana del gran cronista Armando Jiménez.
Viviendo en la noche
El mexicano se pinta solito para la fiesta, no importa si es una reunión familiar, la fiesta de la oficina, una verbena popular o una salida nocturna.
A lo largo de la historia, la Ciudad de México se ha caracterizado por tener una vida nocturna de lo más animada; famosos son sus salones de baile, sus cabarets y es precisamente sobre uno de ellos que vamos a hablar a continuación.
El restaurante, bar y cabaret CIRO’S se ubicaba en el mezzanine del famoso Hotel Reforma, que fuera durante quince años el mejor hotel de la CDMX, allá por los años cuarenta.
CIRO´S funcionó tan sólo cinco años, de 1943 a 1948, pero un lustro fue más que suficiente para que por él pasaran los más famosos y ricos habitantes y visitantes. Funcionaba las 24 horas y su cantina fue la más grande de la ciudad.

Visitado por Agustín Lara y María Félix, la música estaba a cargo del director de orquesta Ernesto Riestra y el menú iba de platillos franceses hasta gustitos mexicanos como los huevos rancheros.
Llenos a reventar, la fama del CIRO’S trascendió fronteras; llegó a visitarlo Cole Porter, embajadores de distintos países y su gerente Alfred C. Blumenthal, “Blumi”, fue, por un instante, la persona más conocida por banqueros, toreros, periodistas, políticos, actores y cantantes, pero….
Al CIRO’S la flama se le extinguió y una noche fue clausurado, cerrando sus puertas para nunca más abrir; más tarde se supo que Blumi había abierto el centro nocturno para ejercer, desde ahí, sus turbios negocios: resultó ser un puente para el tráfico de drogas entre los países sudamericanos y Estados Unidos.
Para más historias sobre la noche capitalina, busca Cabarets de antes y de ahora en la Ciudad de México.
¿Qué te parecieron las microhistorias mexicanas que elegimos para este mes de septiembre? Esperamos que te animes a conocer más pedacitos de historias de nuestro país. ¡Viva México!
Y bueno, si el gusanito de conocer más sobre México te ha picado, tal vez te quieras adentrar en la CDMX a través de estos recorridos ideales para disfrutarla.