7 Estrategias para Dejar atrás la Procrastinación

estrategias contra la procrastinación

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Retrasar, dilatar, postergar, demorar, aplazar: eso es procrastinar y, siendo sinceros, todos lo hacemos en tareas tan sencillas como lavar los trastes o tan importantes como un proyecto para la escuela o el trabajo. ¿Se trata de un mal hábito o qué es lo que nos empuja a posponer actividades que inevitablemente tenemos que hacer? Hoy en U-Storage tomamos al toro por los cuernos y abordamos la procrastinación, pero no solo eso: investigamos algunas estrategias para dejarla atrás o, al menos, no caer en sus redes tan seguido.

“¿Qué tanto es tantito? Después lo hago; mejor veo la tele, me acurruco un rato con los gatos, quedo con mis amigos. Total, hay más tiempo que vida”.

estrategias contra la procrastinación

Lo que podríamos haber hecho en el espacio de dos semanas lo terminamos haciendo durante toda una noche sin dormir: de nuevo, dejamos todo para el último momento, de nuevo procrastinamos.

Y la verdad, durante todo el tiempo que no hicimos lo que teníamos que hacer estuvimos pensando en ello, sintiéndonos culpables, ansiosos, pero de todas maneras no lo hicimos. Así, la procrastinación se convierte en algo más allá de estar cansados o tener pereza de hacer algo: se trata de tener una responsabilidad que parece imposible de cumplir y lo que comenzó como algo simple, retrasar una sencilla tarea, se ha convertido en un hábito que ya está afectándonos de manera negativa; nuestro nivel de estrés ha aumentado, nuestra productividad disminuido y una y otra vez decepcionamos a quienes cuentan con nosotros y lo peor, a nosotros mismos.

¿Este escenario te suena familiar? Sigue leyendo, porque hoy en U-Storage profundizaremos en el fenómeno de la procrastinación y las estrategias que se pueden implementar para dejarla atrás.

Los orígenes

Como ya lo mencionamos, procrastinar va más allá de tener flojera de hacer algo; tampoco se debe a una mala gestión de nuestro tiempo; de hecho, expertos en salud mental aseguran que esta acción tiene su origen en factores emocionales y psicológicos mucho más profundos.

Comprender por qué procrastinamos es el primer paso para dejar atrás esta conducta, pues una vez identificadas las razones podremos comenzar a cambiar nuestra perspectiva y la forma en que abordamos nuestras responsabilidades.

Postergar hacer algo que es nuestra responsabilidad, que es importante para nosotros, para otros, puede tener que ver con el miedo al fracaso: no poder hacer las cosas de manera correcta, como se espera que lo hagamos, puede llegar a paralizarnos, impedir que pongamos manos a la obra. 

Sentirnos agobiados o ansiosos, porque el proyecto que tenemos que realizar es enorme, también puede llevarnos a evitar hacerlo, lo mismo que querer ser perfectos o esperar a que las condiciones para accionar sean perfectas: preferimos esperar a que el escenario ideal aparezca antes de comenzar.

la procrastinación afecta tu dia a dia

Sentir que no existe una razón real para hacerlo, que es una pérdida de tiempo, hace complicado que iniciemos un trabajo. No nos sentimos motivados para hacerlo; entonces, no lo hacemos. Simple.

Las crisis que nuestra vida personal enfrenta también pueden formar parte de las causas de la procrastinación: enfermedades graves, duelos, depresiones pueden resultar en una falta de energía y dificultad para enfocarnos; sentimos que estamos ahogándonos en un vaso de agua y hasta las tareas más sencillas parecen imposibles de realizar.

Cuando tenemos algún déficit de atención o de control de impulsos, comenzar y terminar tareas también se vuelven retos insuperables.

La procrastinación también puede ser una forma de protección: si dejamos todo para el último momento y fracasamos, podemos argumentar que no tuvimos tiempo suficiente para hacerlo; si, pese a dejarlo todo para el final, salimos victoriosos, entonces nos sentimos muy bien con nosotros mismos. Después de todo, somos tan capaces e inteligentes que, aun sin mucho trabajo o tiempo, logramos lo que se esperaba de nosotros.

Cambiando nuestra mentalidad

Exigirnos, ser críticos con nosotros, juzgarnos duramente no lleva a nada cuando la procrastinación se ha convertido en un hábito. Lo mejor que podemos hacer, una vez que tenemos mapeadas sus razones y orígenes, es abordarla de una manera diferente. Esto quiere decir que, en lugar de utilizar la dicotomía trabajar vs. procrastinar, es mejor utilizar una mentalidad que involucre lo que obtendremos de hacer lo que tenemos que hacer.

Deja de pensar en trabajo versus procrastinación; empieza a pensar en el trabajo como aquello que nos acerca a un objetivo que tenemos en la vida. Esa es su importancia real, así que en lugar de pensar que es una pesada obligación, piensa en él como la vía para lograr lo que quieres.

Y junto con resaltar lo que conseguirás con el trabajo, piensa en que no quieres sentirte mal ni tampoco culpable por no hacer algo que tienes que hacer, quieres estar bien, pero no solo eso: queremos desarrollarnos, crecer, volvernos mejores, aprender, evolucionar, y esto, en ocasiones, involucrará hacer cosas que preferiríamos no hacer.

cambiando tu mentalidad para no procrastinar

Cuando usamos procrastinación como sinónimo de flojo o como antónimo de trabajar, caemos en una mentalidad que elimina las cosas positivas que puede traer el hecho de que distraernos de manera moderada puede ayudarnos a encontrar soluciones a ciertos retos que se van presentando.

Se ha demostrado que cuando uno se encuentra estancado y sin poder avanzar en un trabajo, lo que más sirve es pausar, distraernos, realizar alguna actividad que nos distraiga y permitir que nuestra mente divague; ahí es donde muchas veces encontramos la creatividad que necesitábamos para avanzar.

Pequeñas acciones vs soluciones mágicas

Abordar la procrastinación como un todo que tenemos que eliminar de nuestras vidas para estar bien puede ser realmente abrumador y, por tanto, paralizante. En vez de eso, a continuación te proponemos que pienses en pequeñas acciones que poco a poco irán sumándose y te ayudarán a encontrar un equilibrio sano que te permita llegar a donde tú quieres llegar.

Vive en el momento:

Trata de evitar que tu mente se vaya al futuro, a esa fecha límite de entrega, a las consecuencias que tendrás que enfrentar si no haces lo que tienes que hacer. Lo mejor es mantenerte en el presente, identificar estos pensamientos como procrastinación y abordarlos de inmediato de esta manera.

Usa paciencia y amabilidad:

El autocuidado es básico para lograr reducir la ansiedad y los pensamientos negativos que te llevan a posponer algo para “más tarde”. Cuando las cosas no te salgan como esperabas, no te regañes, mejor háblate con amor, analiza qué pasó, pero siempre desde una perspectiva de cuidado hacia ti mismo.

Nadie es perfecto:

No establezcas, nunca, la perfección como el resultado final; mejor concéntrate en avanzar en el proyecto, en cubrir todas sus etapas y, una vez que lo hagas, regresa a ellas para realizar los pequeños cambios que crees que necesita, pero de nuevo, sin tener en la cabeza que no puede tener errores o imperfecciones.

Crea mini tareas y listas:

Es mucho mejor que dividas el proyecto o tarea que tienes frente a ti; comienza desde lo más fácil de hacer y ve avanzando hacia lo más complicado. Elabora listas de pendientes, prioriza lo que es más sencillo para ti y establece bloques de tiempo en los que te enfocarás totalmente a cada tarea, procura, además, integrar breaks que te permitan relajarte y desconectarte en ciertos momentos, de esta manera permanecerás enfocado en el trabajo y el tiempo libre te motivará a seguir avanzando.

crea mini tareas para no procrastinar

Líberate de las distracciones:

Crea un entorno en donde puedas concentrarte; tal vez podrías silenciar tu teléfono o al menos desactivar las notificaciones, buscar un espacio de trabajo simple que evite que te distraigas con ruidos, personas o cuando la mosca vuela.

Calendariza plazos y metas:

Comienza por definir objetivos realistas por día, sé sincero al hacerlo, después crea fechas límite y recuerda dividir el proyecto en pequeñas etapas que te permitan ver resultados de manera constante.

Aplaude cada uno de tus logros:

No importa cuán pequeño sea el logro, date un aplauso, recompénsate con un pequeño incentivo; motívate cada vez que logres mantenerte enfocado.

Menos procrastinación y más acción

Reflexionar sobre las razones por las que procrastinamos es la primera acción que nos llevará a encontrar la solución, preguntarnos: ¿qué pensamos cuando procrastinamos? Nos ayuda a tomar conciencia sin sentirnos mal, culpables o paralizados por lo decepcionados que estamos con nosotros mismos.

Cuando nos damos cuenta de que procrastinar nos produce más malestares que satisfacción, estamos ya dando un paso realmente importante para propiciar el cambio, pero, claro, el cambio no llegará por sí solo; para ello, mirar el asunto desde otra perspectiva es vital.

¿Cómo hacerlo? Pues abordando nuestras responsabilidades desde el “divide y vencerás”, es decir, dividamos las grandes tareas, los proyectos, en pequeñas actividades y luego, comencemos por las que nos parecen más fáciles o las que nos gustan más, pensando que cada una de ellas, nos acercan más a la meta y qué, la meta no es, en realidad, terminar el trabajo, la meta es aprender, sentirnos bien con nosotros.

menos procrastinación y más acción

No te presiones, mejor actúa. Piensa que cambiar un hábito requiere tiempo y esfuerzo, así que plantéate expectativas realistas y piensa siempre en las razones que tienes para hacer algo. Deja atrás pensamientos invasivos que te paralizan, en lugar de pensar “por qué no..”, “hubiera hecho…” y mejor di: “hoy hice…”, “voy a empezar con…”.

Y recuerda siempre, pero siempre, tratarte bien, festejar tus logros y aprender de tus errores, buscar nuevas rutas, pedir apoyo, escuchar otras opiniones cuando te encuentres estancado, poco a poco, irás fluyendo del no hacer al ¡lo logré! ¡terminé!

Por cierto, si una de tus estrategias de procrastinación es mirar tu celular por horas, checa estos tips para dejar de ser un esclavo de las pantallas.

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